21 mayo 2010

De Río Piedras a Irapuato

prólogo impuesto por el mal gusto y la nostalgia

—Tú no eres de por aquí.
—No.
—Pues toma, mastica esto. Es bueno para el sistema digestivo, pero no lo pases.
¿Tragar?, pensé y callé.
—Al rato vengo, pues.
Sonreí. Estoy en León, estado de Guanajuato, México, y alguien me habla. Pues supongo que existo, como poco, en la mente de alguien.

De Irapuato a Río Piedras

Horas largas mirándote, contemplando tus ondulaciones
tus campos tal vez secos pero fértiles, tus ramas frondosas
tus meneos y jadeos a lo lejos,
¿o será el calor que sube del cemento que todo lo distorsiona?

Puedes ser la razón de un capítulo o la dedicatoria del libro
las palabras que no logro cometer a mi memoria
o la rima desapercibida de un saludo y un abrazo
puedes ser mucho más o si te apetece, todo

pero primero tengo que explorar tu tierra,
descubrir tus poblados, platicar con tu gente
pasar por El Tope y evitar el Brete
evitar a San Miguel y refugiarme con nanácatl
pasar por Irapuato rumbo a Huanimaro
olerte a lo lejos y pensarte cerquita
entre los cipreses, las palmeras y los ladrillos
cualquiera diría que me perdí en Río Piedras
y no en San José de Peralta – estaría muy chido
tener ruinas en Caimito y templos en Jurutungo

tal vez te hubiese encontrado en uno de ellos
o en el subsuelo, entre las piedras, debajo de las sombras
cubierta de hojas o aún tal vez, mofándote de mí
haciéndole coro a los niños santos, a los niños santos
los niños santos y yo, solos, con este olor
a mierda, el aroma inquietante del fertilizador
entonces
Ehecatl y el festival de los voladores
plazas hundidas en tu inconciente
y templos raídos que insisten sobre la maleza
yo y los niños santos, con el burro alante
pa que no se espante – círculos, cuadrados y triángulos
porque conformas todas las formas
y despejas los 40 inviernos que traigo encima
neutralizas la necedad juvenil y te me antojas
un hexagrama ignoto, desconocido,

te me antojas un misterio callejero
un alivio para un viajero y un cuartel para un soldado
un rancho para los sueños que sin duda dejas a tu paso
por los lomos de estas tierras, las entrañas de estos deseos

te me antojas la mejor ola de Rincón,
las arenas blancas de Isabela
(wink, wink)
los baños de Coamo
y las cuevas de Camuy
eres la última empanadilla de Piñones
y el primer pensamiento diurno
la sal del mar que me habita
y el agua de rosa que marca los lindes del barrio
me cae que eres alimento, hogar, dulce, hogar
eres el vaivén de la hamaca
el corazón del cielo y la cima del Yunque
eres la primera y la última de las que nunca conocí
la taimada plática en un taxi extranjero
la calzada y el centro
la calle y el balcón
el dulce ruido urbano
que promete una noche de acción
y cuya promesa cuenta más que la misma
acción de contenerme, retenerme, entregarme

eres el pedazo de chilecagüe que mastico sin saber,
el analgésico que me adormece la boca cuando más la quiero usar
eres la tinta del Kukulcán a mis espaldas y el trazo inseguro
de los hexagramas en mi hombro
el viajero que despierta
el trueno sobre trueno
el fuego sobre la montaña
la necedad juvenil
y el avasallador poder de lo pequeño

eres cuento y resolución
monte y grama
piedra y sol
letra y párrafo

eres la insuperable gravedad de mi voz
las ganas de poder decir esta tierra es tan mía como tuya
este pasto es tuyo para pisar todas las veces que quieras
eres el árbol y la sombra que persevera
que me cobija con exclusividad sin saberlo

y así te espero
arrimado a la promesa de una terraza.

*Cortesía de Rafael Franco
La otra Cost(r)a

No hay comentarios.: